TCHERNOBYL

fotografías de Antonio MANENT

textos Carlos ORTEGA

 

 

 
Visita guiada a un lugar que ya no existe.
 
 
 
 
Autopista C31. Salida Badalona sur. En el término de Sant Adrià. No perder de vista las tres chimeneas de la central térmica en activo. Se accede por la calle del Mar Muerto.
 
 
 
 
Página 44, en las cuadriculas 4C-D del plano 2 de la guía QDC de Badalona.
 
 
 
 
Distopía: Lugar que no existe y que no debería existir. Sueño perverso de los utópicos. Culo de tu ciudad a pocos metros de ti. Reverso de las cosas que te hacen feliz a diario.
 
 
 
 
Lugar cero. Área postindustrial con alto nivel de mierda tóxica en el límite de la ciudad. Más allá unas vías, mar, una playa nudista.
 
 
 
 
Sin hábitat. No queda nadie. Terminaron sus trabajos y se fueron. Dejaron los residuos de su alquimia, el esqueleto de las naves, los redomas rotas. Y sin decir nada, se fueron.
 
 
 
 
¿ Por qué no huelo a mar ? ¿ Por qué no hay gaviotas?
 
 
 
 
¿Y yo? ¿Qué hago aquí?
 
 
 
 
Partiendo de la tesis del laberinto, te preguntarás si basta caminar sin rumbo para dar con los vestigios de una era desolada y muerta. A quince minutos de la tienda de comestibles y de unas ramblas peatonales.
 
 
 
 
Aun así el laberinto no tiene salida. Y estos sujetos que salen al paso creen, como tú, que luego regresarán a sus casas. Mientras se asoman al exterior, contemplan el mar, a los bañistas. Mirones y pornógrafos mutantes en el centro del laberinto.
 
 
 
 
Distopia no existe para el resto de la ciudad. Lo raro es que desde ahí algo o alguien te vigile y que el lugar se extienda por todas partes. Particulas tóxicas que te envuelven, te persiguen. Las respiras.
 
 
 
Tu acabas de llegar. Como ellos pensarás que hay una grieta por donde huir, vislumbrarás la salida; un espejismo de mar abierto. Otra forma de imaginar que estas afuera. Pero algunos ya no recuerdan el tiempo que llevan dentro.
 
 
 
 
Ningún análisis ha revelado el alcance de los experimentos. Se sabe de la elaboración de alimentos incorruptos e incomestibles. De hecho ni siquiera hay hormigas para comérselos.
 
 
 
 
Huellas y zapatos. Zapatos sin cordón, sin pareja, de tacón, de niña, de domingo, zapatitos de muñeca, zapatos aburridos, pareja de hecho de zapatos, botas de agua, zuecos, botines, pantuflas, zapatos huecos o con un pie dentro. ¿Alguien dijo Auschwitz?
 
 
 
 
Entre el decorado encuentras motivos para preguntarte si estás dentro o fuera.
 
 
 
 
Ni siquiera tu puedes saber los días que llevas dentro, las noches, los meses. Todo sigue intacto. Igual que el ultimo día.
 
 
 
 
Conteniendo el miedo. Queda una sola esperanza a la que no se llegará ni cruzando el muro.
 
 
 
 
Mirarás entonces afuera, creyendo que hay otras rutas.
 
 
 
 
Pero de lejos sólo ves la rancia verdad que se extiende en los márgenes de tu civilización. Los constructores del templo al dios-humo saben que para siempre, desde tu laberinto, le rindes tributo a diario.
 
 
 
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